Estados Unidos y Australia volverán a cruzar caminos en una Copa del Mundo, pero esta vez con algo más que tres puntos en disputa. El duelo de la Jornada 2 del Grupo D tiene aroma a clasificación anticipada y revive un dato que pocos recuerdan: hace 24 años se registró la única victoria australiana sobre el combinado estadounidense.
Fue el 14 de junio de 1992 cuando los “Socceroos” derrotaron 1-0 a Estados Unidos en un amistoso internacional. Desde entonces, el historial cambió de dueño. Los norteamericanos no han perdido en sus siguientes tres enfrentamientos ante Australia, acumulando dos victorias y un empate. El antecedente más reciente fue en octubre de 2025, cuando el equipo dirigido por Mauricio Pochettino se impuso 2-1 gracias a un doblete de Haji Wright.
Dos selecciones encendidas
Ambos llegan al choque mundialista con la confianza por las nubes.
Estados Unidos debutó con autoridad al golear 4-1 a Paraguay, una actuación que confirmó el crecimiento del proyecto encabezado por Pochettino. La velocidad por bandas, la presión alta y la contundencia ofensiva fueron las principales armas de un equipo que ilusiona a toda una nación.
Australia tampoco se quedó atrás. Los dirigidos por Tony Popovic sorprendieron al vencer 2-0 a Turquía en Vancouver, mostrando una versión sólida, disciplinada y letal al contragolpe. Los goles de Nestory Irankunda y Connor Metcalfe encendieron la esperanza de una generación que sueña con superar sus históricas participaciones de 2006 y 2022.

El liderato del grupo pasa por Seattle
El encuentro en el Lumen Field puede definir gran parte del destino de ambos equipos. Una victoria dejaría prácticamente sellado el boleto a la siguiente ronda y colocaría al ganador como favorito para terminar en la cima del sector.
Estados Unidos parte ligeramente como favorito por su condición de local, el poder ofensivo mostrado ante Paraguay y un historial favorable. Sin embargo, Australia ha demostrado que sabe competir cuando nadie apuesta por ella.
Una cuenta pendiente
Para los “Socceroos”, este partido representa la oportunidad de romper una sequía de más de tres décadas sin vencer a Estados Unidos. Para los estadounidenses, significa confirmar que son candidatos reales a trascender en su Mundial.
Seattle será escenario de un choque con pasado, presente y mucho futuro. Porque mientras Australia busca reescribir la historia, Estados Unidos quiere asegurarse de que aquella derrota de 1992 siga siendo apenas una vieja anécdota.
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